La práctica pedagógica integral e investigativa es un lugar de enunciación y de hacer, donde los docentes en formación responden a las exigencias políticas, sociales, culturales y científicas de los diversos contextos de interacción y habitad, lo anterior desde una perspectiva configurada en la teoría crítica y la investigación, lo que implica la introspección y la reflexión educativa y pedagógica que posibiliten la formación en el sentido de formarse o tomar forma de mediador entre el conocimiento disciplinar y sus prácticas de representación, sujeto educador como responsable crítico y social, transformador de las realidades (Adorno, 1962; Albán, 2009, Beck, 1998; Castoriadis, 2007; Cendales, Posada y Torres, 1996; Cerdá, 2001; Dewey, 2010; Elliot, 2000; Giroux, 1985, 1990, 2002, 2003a, 2003b, 2008; Morín, 1990; Stenhouse, 1996; Walsh, 2013).

Así las cosas, la Práctica Pedagógica, Integral e Investigativa (PPII) propuesta en la Facultad de Educación de la Universidad de Nariño se fundamenta principalmente en los principios del Proyecto Educativo Institucional (PEI) de la Universidad de Nariño, asimismo, en las disposiciones propias del Proyecto Educativo de la Facultad de Educación (PEF), los proyectos educativos de programas (PEP); lo anterior, perfila la PPII como un elemento articulador, mediador que posibilita y determina la formación de los licenciados, desde el componente de docencia, investigación e interacción social que evidencian las habilidades, competencias, destrezas y compromisos que tienen los docentes en formación, así como también, sus formas de ser y hacer (Adorno, 1962, Beltrán, 2006; Carr y Kemmis, 1983; Fernández, 1995; Grimson, 2011; Popper, 1982; Torres, 2007 y 2009). Es así como, la PPII permite el diálogo continuo sobre el fenómeno pedagógico y educativo, desde las interacciones entre conocimientos disciplinares, saberes, realidades y problemáticas contextuales y proyecciones transformacionales del acontecimiento mundo (Colom y Mélich, 1994; Foucault, 1977 y 2000; Ghiso, 1993 y 1991; Gviritz, 2000; Mejía 1988 y 1990; Porter y Kramer, 2006; Sartori, 1998). De esta manera, el momento histórico, social y cultural actual, exige sujetos críticos y propositivos ante una realidad fluctuante, diversa y tecnológica; en este escenario, la citada práctica se esboza ampliamente en los matices de la teoría crítica, el humanismo y el constructivismo, que permiten formar desde un sentido crítico, reflexivo e investigativo no sólo ante las realidades que le acontecen sino frente a sus prácticas de sí, entre ellas las pedagógicas, educativas y formativas (Albán, 2009; Bauman, 2008; Castro, 2007; Freinet, 1972 y 2001; Mclaren, 1985, 1993 y 1998; Mclaren y Giroux 1998: Mejía 2004, 2006 y 2008; Montenegro, 2017). En este sentido, el hecho educativo y pedagógico se caracteriza entre tantas cosas por su sentido práctico, que no es más que la esencia pura de la acción, es decir, del acontecimiento, esta idea es sustantiva, en la medida en que es allí donde se develan los diversos elementos que componen la acción de enseñar y la de aprender, entre ellos la experiencia, el conocimiento, los contextos, las dinámicas relacionales entre otros, que determinan en diversos niveles la manera como comprendemos el mundo y le vivenciamos, lo que podría a su vez constituir un acto de reivindicación de la conciencia humana (Bárcena y Mélich, 2000; Castoriadis, 2002; Dewey, 2010; Drucker, 1993; Freire, 1968, 1970, 1971, 1979, 1992, 2000 y 2006; Ianni, 2004; Mélich, 1994; Montenegro, 2016; Ramírez 2008).

Pues bien, la PPII para el VI semestre de formación destaca seis elementos dinamizadores, que tienen como función esencial, perfilar y configurar mucho del estilo de enseñanza y los procesos de reflexión del docente en formación, que le permitirán ser, saber y hacer en la práctica (Luhmann y Schorr 1990, 1996 y 2000). Es así como: el primero, se enfoca en la compresión de la PPII como práctica de sí, lo que implica que tanto sus conocimientos como acciones estarán supeditadas a un plano pedagógico y formativo; segundo, reconocer los escenarios escolares como reflejos sociales y culturales de muchas de las ideas e imaginarios que colectivamente se generan, validan y practican (Rockwell y Ezpeleta, 1986; Zambrano, 2005b); tercero, la investigación interdisciplinaria, a partir de la observación como postura, técnica e instrumento de aproximación, entendimiento y reflexión de la realidad; cuarto, el desarrollo de la condición profesional del docente en formación a través de competencias investigativas pedagógicas, docencia de alta comprensión e interacción comunitaria; quinto, este momento establecido en la PPII -especialmente este-, promueve la comprensión de aquellas ideas, saberes, conocimientos, características entre otras que hacen presencia en los escenarios escolares, que deben ser identificadas, cuestionadas, atendidas, pensadas e intervenidas desde el acervo ganado en lo disciplinar, como desde la misma experiencia vitae del docente en formación; finalmente, el sexto, como cada uno de los momentos propuestos en el escenario de las prácticas, tiene que ver con la generación no sólo de pensadores críticos, sino también, con el coherente hecho de gestar prácticas pedagógicas críticas, en donde la teoría sea estudiada con minucia, pero que las realidades sean el enclave bajo el cual se reflexione permanentemente el hecho pedagógico y formativo (Carruso y Dussel, 1996; Díaz-Barriga y Rojas, 2002; García- Canclini 1990 y 2010; Marcuse, 1993; Martínez, 2008; Santos, 2003; Zambrano, 2005a)